Caprichos, berrinches y límites en niños 2 a 4 años

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Aunque se habla mucho de lo “terribles” que son lo niños a los 2 años, lo cierto es que no hay un punto de corte mágico a los 3 o a los 4 años, especialmente cuando hablamos de lo apasionada que es la expresión de las emociones de alegría, miedo e ira en un niño. Todos nos enojamos alguna vez y aprender a expresar el enfado es una parte muy importante del desarrollo infantil. Los niños pequeños suelen sentirse abrumados por emociones intensas como la ira, si por ejemplo, sus padres les niegan algo o los interrumpen en medio de una actividad que disfrutan y no siempre saben poner sus emociones en palabras.

El único modo en que pueden librarse de estas emociones es haciendo un berrinche, capricho o pataleta, es decir, gritando, pateando, pegando, llorando, mordiendo o escupiendo… o haciendo todo esto a la vez.

Si bien cada familia y cada hijo es único e irrepetible, detrás de un límite está siempre la necesidad de nuestros hijos de ser contenidos y la nuestra de contenerlos. Para educar a un niño es fundamental decirle que no, ya que saber afrontar el hecho de que le nieguen cosas es una parte muy importante de su desarrollo.
Es absolutamente normal que nuestros hijos demanden, pidan y tengan deseo de todo y en todo momento. Pero ésto es imposible de ser satisfecho, y tampoco sería sano para él que así fuese.

Marcando pautas claras desde el nacimiento, mostrándole lo que puede y no puede hacer, vamos construyendo el antídoto para el berrinche: Poniendo límites y los “NO” bien claros.

No tenemos dudas de poner un NO rotundo, cuando está en riesgo la vida o la integridad física de nuestros hijos. Con aparatos eléctricos, lugares abiertos, agresiones físicas, etc.  Lo tenemos muy claro en esos momentos y ellos nos creen y no dudan en hacer caso.
Pero frente a otras situaciones nos ponemos más dudosos, y ahí es dónde se producen los caprichos y los berrinches.

Cuando el adulto duda ante el NO que pone, los chicos responden de esta manera, portándose mal, angustiándose y haciendo berrinche.

Alrededor de los dos años, los niños tienen inmensos deseos de independizarse, de ser autónomos como a la vez de seguir siendo bebés. Por eso a veces se comportan tan mal que nos confunden. No quieren irse dormir, se niegan a comer o les resulta muy difícil estar tranquilos, se encaprichan por cualquier motivo, pegan o pellizcan todo el tiempo, o se auto agreden…

Ceder ante las exigencias de los niños puede ser muy tentador. Superados por el cansancio, los sentimientos de culpa o con la paciencia totalmente agotada podemos satisfacer los caprichos de los niños escudándonos en la creencia del “ya tendrá tiempo para aprender”, pero quizás cuando llegue ese “tiempo”, ya sea tarde.

Es un tema de autoridad, no de autoritarismo. Un niño de alrrededor de dos años, responde bien si siente confianza en el adulto que pone ese límite, aunque lo desafíe. Es importante saber que primero el LÍMITE los enoja pero luego los tranquiliza. El límite los hace sentir seguros, ya que si ven que pueden hacer lo que quieren sin que sus padres puedan controlarlos, sienten que estos tampoco van a poder controlar  situaciones exteriores amenazantes ni protegerlos de las mismas.

El reto o la penitencia es una forma de castigarlos por lo que hicieron que no siempre los ayuda a entender porque se portaron mal o desobedecieron. Solo los para por un rato y en general obedecen sin comprender. Cuando el niño realice una conducta inapropiada para llamar nuestra atención, lo mejor es ignorarla. Si manifiesta rabietas o pataletas se vuelve aún más aconsejable esta norma, que puede complementarse con algunas técnicas como el “Tiempo fuera” (consistente en llevar al niño a un habitación donde no pueda jugar ni divertirse durante un tiempo razonable – se sugiere un minuto por año de edad – . Pasado este tiempo, volver a habar con él y dejarlo salir cuando el berrinche se haya terminado.) o el proponerle alguna actividad incompatible con la que está realizando y que ha promovido la rabieta. No obstante, estas técnicas deben usarse con cuidado y ser consultadas con un profesional que pueda evaluar correctamente la mejor forma de aplicarla en cada caso en concreto.

Algunas pautas a tener presentes en todo momento:

  • Probar y conocer cual es nuestro límite de tolerancia para no ir más allá de él.
  • Firmeza: Sin golpes ni castigos físicos o psíquicos. No se aprende por humillación; de ese modo sólo se los somete y se los lastima.Harán caso por miedo, pero no nos ganaremos su respeto.
  • Mostrarnos seguros cuando nos negemos a atender su capricho; pero luego tratarlo con afecto y hablarle al respecto.
  • Coherencia entre papá y mamá, poniendo límites claros y precisos estableciendo normas básicas y manteniendo su palabra.
  • No dar dobles mensajes. Ofrecerle alternativas posibles que sí pueda realizar.
  • Fijarse cuando se está comportando bien y en ese momento prestarle atención y hacersélo saber premiándole mediante cariños, halagos o frases que le satisfagan.
  • Respetar su enojo sin necesidad de intervenir. Acompañándolo y dándole tiempo para que se le pase.
  • Ser concretos. Cumplir y sostener lo que decidimos.
  • Ser constante en la puesta de límites. Poner un “NO” bien claro. El no es siempre no, no veces sí y otras no, o nosé.
  • Limitarlos estando nosotros tranquilos, sin gritos ni golpes.
  • Es importante no premiar ciertos comportamientos inadecuados en forma de risas o de gracia. A veces son realmente graciosos con sus actos, pero si son inadecuados, por muy simpáticos que parezcan, es mejor que no le prestes atención, y si te cuesta aguantar, sal de la habitación y ríete fuera para que no vea que recibe una recompensa agradable por ello.
  • Anticiparles cuando algo va a terminar o cuando no queremos que haga determinada cosa. Nuestra conducta y actitudes como padres serán el modelo y la forma en la cual comprenderán que esperamos de ellos. Y desearán responder a esa expectativa por el amor que nos tienen. Aprenderán así, poco a poco a socializarse, a crecer como personas autónomas, libres, con normas y reglas incorporadas para poder compartir y convivir en la sociedad que les toca vivir. Si nos manejamos con premios y castigos, solo lograremos un adiestramiento, pero no un verdadero aprendizaje que los ayude a ser felices y libres el día de mañana.

En resumen, decir que no a un niño debe hacerse tal y como le dices “sí”, esto es, con cariño, sin alterarte ni dejarte arrastrar por sus posibles reacciones, diferentes ante un “sí” que ante un “no”. Manteniéndote firme en la decisión tomada te facilitará pensar antes la respuesta que vas a darle a su petición. Una vez decidida sostenla hasta el final; procura que el “no” sea consecuente con la petición y que no obedezca a tu estado anímico sino a la situación concreta: no le contestes “no” porque estés enfadado, cansado o por situaciones o comportamientos anteriores. Con el paso del tiempo y la ayuda de sus padres, el niño acabará por encontrar la manera de expresar sus emociones a través del juego y más tarde podrá hablar sobre ellas.

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