Tics nerviosos en los niños: qué son y cómo tratarlos

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La aparición de un tic nervioso en los niños, no necesariamente significa algo malo; un tic nervioso en la infancia puede desaparecer de pronto (de un mes a un año aproximadamente), y esto se debe a que muchas veces estos tics representan una manera de liberar tensiones.

Un tic nervioso es un movimiento involuntario y repetitivo que puede implicar cualquier grupo de músculos voluntarios. Los tics pueden ser parcialmente controlados, por lo general por corto tiempo durante el cual el niño hace un gran esfuerzo por que así sea. Más tarde, sin embargo, los tics ocurrirán de nuevo y pueden ser más fuertes debido a la tentativa de compensación. Los tics no molestan al niño y suelen aparecer entre los 6 y 10 años. Los niños afectados son generalmente niños normales,  inteligentes y sensibles, aunque los tics  suelen ser de mayor intensidad entre niños cohibidos y tímidos. Los tics se presentan varias veces al día, en ocasiones casi a diario. Suelen desaparecer en la adolescencia y rara vez persisten en la edad adulta.

Los tics nerviosos son más frecuentes en niños que en niñas y entre los más comunes podemos citar:

  • Parpadear
  • Mover las fosas nasales
  • Chasquear la lengua, sacar la lengua.
  • Mover la quijada
  • Hacer crujir los nudillos
  • Muecas: levantar las cejas, torcer o abrir la boca, etc.
  • Repetir alguna palabra, gruñir, ruidos con la boca, soplar, sonar la nariz, etc.
  • En casos especiales pueden mover la cabeza o partes del cuerpo, como levantar los hombros.

Los tics pueden ser simples o complejos. Un tic simple es sin sentido, como un parpadeo de ojo, cualquier músculo que se contraiga nerviosamente, un gruñido, o una producción de un ruido. Un tic complejo consiste en un movimiento de músculo con un propósito, como rasguñar, lanzar algo o masticación. Un tic vocal complejo es el que realmente produce una palabra, no solamente un sonido.

Los tics aumentan cuando el niño se encuentra en presencia de conocidos y disminuyen cuando está con desconocidos, mientras se duerme o cuando se realiza alguna actividad que requiera de su total atención. Por lo general se presentan por primera vez cuando una hay una emergencia familiar o cuando el niño es movido de un lugar seguro y el hecho de que se los rete o se les avise cuando lo están haciendo solo genera más ansiedad y apego a esa conducta, que como dijimos antes, no es intencional ni producto de un mal hábito.

Cuanto menos atención se le preste al tic y menos relevancia se le dé, antes desaparecerá.

El cansancio o las emociones a las que se expone día a día el niño pueden ser las que ocasionen el tic nervioso. Como padres es preferible estar cerca del pequeño, tratando de ubicar la causa  que le genera tensión o estrés , ya sea en la casa o en la escuela; y evitar en todo momento regañarlo por este tic como si se tratará de un mal hábito.

La mejor manera de entender como se debe sentir un niño al querer controlar un tic, es tratando de abstenerse de parpadear  durante un largo período de tiempo. Esto será fácil al principio, pero después de aproximadamente 30 segundos el parpadeo ocurrirá casi automáticamente. Así es como un niño con un tic se siente constantemente, sobre todo si se lo reta o presiona para suprimir el tic.

Los tics por lo general fluctúan en la intensidad y si ellos ocurren sólo temporalmente, no califican para ningún desorden del tic, es decir, no requieren tratamiento. Como la mayor parte de los niños con tics no requieren tratamiento y estos desaparecen con el tiempo, recomendamos lo siguiente:

  • No estar corrigiendo al niño a cada momento y evitar castigarlo, sobre todo en público. Recuerde que un tic nervioso es involuntario y el niño no lo hace por molestar sino que es una manera de exteriorizar su nerviosismo, de liberar sus propias tensiones.
  • No olvide fortalecer su autoestima, haciéndole notar sus logros y habilidades.
  • Si nota que el tic nervioso se hace más frecuente, trate de cambiar la actividad que está realizando el niño.
  • Se ha comprobado estadísticamente que si los padres no prestan especial atención a los tics y los consideran como algo normal y pasajero, su evolución es buena y en un plazo que habitualmente varía entre unos meses y un año cesan sin dejar secuelas. Pueden empeorar si los padres riñen y presionan a sus hijos para que logren vencer el defecto. En ese caso, lo más probable es que los tics se tornen más frecuentes e intensos. Los padres deben tranquilizar al niño si éste les pregunta sobre su problema, deben evitarle actividades extraescolares en exceso, ayudarle a evitar que sea autocrítico y perfeccionista. Es decir, hay que restarles presión y todo lo que pueda generarles tensión interna.

Cuando acudir al Médico Pediatra

Si bien pocos niños precisan tratamiento y la gran mayoría dejan de sufrir tics en forma espontánea, ante estas  señales  se aconseja consultar al Pediatra:

  • Los estudios del niño se ven alterados por el tic.
  • Los tics interfieren con sus amistades o actividades sociales o deportivas.
  • Los tics se acompañan de ecolalia (repetición involuntaria de una palabra o frase  recién pronunciada por otra persona), alilalia(repetición involuntaria de sus propias palabras)  o coprolalia (también llamada cacolalia, es la tendencia patológica a proferir obscenidades)
  • Se acompañan de tos persistente.
  • Los tics afectan a partes del cuerpo que no son las habituales (habituales son cabeza, cara y hombros).
  • Su intensidad o frecuencia aumentan.
  • Su duración es superior a un año.

Tratamiento médico para los tics

La mayoría de los casos de tics se resuelven espontáneamente, pero en algunos casos el tratamiento especializado puede ser necesario. La medicación ataja el síntoma, pero no elimina la causa de los tics. Se han utilizado neurolépticos, tranquilizantes, relajantes, etc. que resultan eficaces, pero al abandonarlos se producen recaídas.

Los métodos psicológicos y, en concreto, los de autocontrol, resultan muy útiles para los tics y el síndrome de Tourette. Una de las terapias más importantes dentro de este tipo de tratamiento es la del  “Procedimiento de inversión del hábito”, que en un período que oscila entre 2 y 4 meses reduce los tics en el 90% de los casos. Es una técnica compleja que exige gran colaboración y sobre todo gran fuerza de voluntad, lo que hace que a menudo sea de difícil aplicación en niños en toda su amplitud, por lo que algunos especialistas aplican por separado o parcialmente los distintos componentes de la misma.

El curso natural y el resultado de este desorden son variables y en muchas situaciones a medida que el niño madura, el grado de los tics y desorden disminuyen gradualmente. Afortunadamente pocos niños precisan tratamiento, la gran mayoría dejan de sufrir tics de forma espontánea.

Síndrome de Tourette

El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico que se caracteriza por:

  • Tics motores múltiples y uno o más tics vocales complejos (ecolalia, palilalia o coprolalia) de modo simultáneo o no.
  • Los tics se presentan varias veces al día, en forma de oleadas, casi a diario y durante más de un año, y nunca hay un periodo superior a tres meses sin tics.

Por lo general, los síntomas del síndrome de Tourette se manifiestan en el individuo antes de los 18 años de edad. Puede afectar a personas de cualquier grupo étnico y de cualquier sexo, aunque los varones lo sufren unas 3 o 4 veces más que las mujeres.

El curso natural de varía entre pacientes. A pesar de que los síntomas oscilan entre leves hasta muy severos, en la mayoría de los casos son moderados.

Por lo general, el síndrome de Tourette se diagnostica observando los síntomas y evaluando el historial familiar. En la diagnosis del ST, los tics motores y fónicos deben estar presentes por lo menos 6 meses. Se pueden usar estudios de neuroimágenes, como imágenes de resonancia magnética (IRM), tomografía computarizada (TC) y escáneres electroencefalográficos (EEG), o distintas pruebas de sangre para excluir otras condiciones que se puedan confundir con ST. Sin embargo, la diagnosis de este síndrome se hace por evauación clínica. No hay pruebas de sangre u otras pruebas de laboratorio que puedan diagnosticar el trastorno con exactitud.

No todas las personas con síndrome de Tourette tienen otros trastornos además de los tics. Sin embargo, muchas personas experimentan problemas adicionales como el trastorno obsesivo-compulsivo, en el cual la persona siente que algo tuviera que hacerse repetidamente; el trastorno de déficit de atención, en el cual la persona tiene dificultades en concentrarse y se distrae fácilmente; diversos trastornos del desarrollo del aprendizaje, los cuales incluyen dificultades de lectura, escritura, aritmética y problemas perceptuales; y trastornos del sueño, que incluyen despertarse frecuentemente o hablar dormido.

La amplia variedad de síntomas que pueden acompañar los tics puede causar más limitaciones que los tics mismos. Pacientes, familias y médicos necesitan determinar qué síntomas causan más limitaciones para poder elegir los medicamentos y las terapias más apropiadas.

Los estudiantes afectados con Síndrome de Tourette necesitan un apoyo escolar específico. Para ello, tanto los padres como los profesionales de la educación (profesores, educadores, psicólogos, psicopedagogos, entre otros), tienen que estar debidamente informados sobre el modo en que los tics y otros síntomas del síndrome (ST) pueden afectar al rendimiento y comportamiento de un alumno. Sin embargo, según algunos estudios, se comprobó que los individuos con síndrome de Tourette suelen tener cocientes intelectuales (CI) altos.

Aunque no hay cura para el síndrome de Tourette, muchos pacientes mejoran a medida que maduran. Los individuos no ven reducida su esperanza de vida. A pesar de que el trastorno es crónico y perdura por toda la vida, no es una enfermedad degenerativa. El síndrome de Tourette no menoscaba la inteligencia. Los tics tienden a disminuir según avanza la edad del paciente, permitiendo a algunos pacientes a abandonar el uso de medicamentos y en algunos casos, una remisión completa ocurre después de la adolescencia.

Corea o Chorea sancti viti

Es muy importante diferenciar lo que es un Tic de la Corea. La Corea es un desorden del movimiento que a diferencia del tics, no puede ser reproducido por un observador, es más difícil de suprimir y es incorporado en movimientos voluntarios.

Corea o Chorea sancti viti (del latín Baile de San Vito) es un término usado para un grupo de trastornos neurológicos denominados disquinesia, caracterizados por movimientos involuntarios anormales1 de los pies y manos, vagamente comparables a bailar o tocar el piano. Se presenta por contracciones irregulares que no son repetitivas ni rítmicas, pero parecen fluir de un músculo al siguiente.

La corea tiene variadas presentaciones, y el conocimiento de las características de cada trastorno coréico es la clave para el diagnóstico apropiado y posterior tratamiento.

 

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